
Madrid, 22 de mayo de 2026.- La Escuela de Facilitadores no es un proyecto aislado, sino que forma del engranaje que hace funcionar de forma coordinada la estrategia de Codere University. Como parte de este proyecto, la Escuela de Facilitadores se convierte en el puente entre la estrategia corporativa y la realidad operativa de nuestras salas y oficinas. Mientras que la Universidad define los pilares del aprendizaje —Liderazgo, Gestión, Producto y Mandatory—, la Escuela de Facilitadores es la encargada de que ese conocimiento fluya de manera orgánica, creíble y cercana. Al apostar por nuestros propios colaboradores como motores de formación, no solo estamos optimizando la transferencia de know-how técnico, sino que estamos reforzando nuestra cultura, haciendo que nuestra misión, visión y valores calen de forma profunda en toda la organización. Este proyecto es la máxima expresión de la capitalización del conocimiento interno, asegurando que cada hora de formación sea una inversión directa en la excelencia operativa y en el orgullo de pertenencia. Además, este ecosistema fomenta un entorno de crecimiento mutuo donde el conocimiento compartido se convierte en nuestro mayor activo.
Excelencia, estrategia y compromiso global
La Escuela se apoya en una Política Global, en fase de construcción, para garantizar una formación de calidad y con los mismos estándares en todos nuestros países. Este marco permite crear un espacio común que dote a los facilitadores de herramientas y guías de vanguardia para el reconocimiento y el respaldo que merecen.
Como eje transversal de nuestra ética de negocio, la Escuela integra de forma prioritaria el compromiso con el Juego Responsable en cada itinerario formativo. Sobre la relevancia de este enfoque, Carmen García, técnico de Atracción de Talento y Marca Empleadora , señala: «La Escuela nace para validar que el mayor experto en nuestro negocio es quien lo vive cada día en la operación. Al situar a nuestros profesionales al frente del aprendizaje, logramos una transferencia de conocimiento con una autenticidad que ninguna consultora externa podría replicar; es nuestra mayor ventaja competitiva para asegurar que la estrategia se ejecute con precisión en cada país».
La excelencia de la Escuela se fundamenta en el rigor de sus procesos. Tras su designación, los formadores inician un itinerario de desarrollo profesional integral, que les capacita para diseñar, ejecutar y evaluar acciones formativas con coherencia y rigor. Este camino no solo busca la perfección técnica, sino dotar al formador de una metodología sólida que le permita conectar con el equipo. Un ejemplo claro de este impulso ha sido el programa Train the Trainers, impartido por el experto Roberto Bernal, en el cual 30 formadores internos profundizaron en metodologías de diseño instruccional, adquiriendo las claves para transformar la formación en una experiencia dinámica de alto impacto que se traduce en una mejora inmediata del día a día en nuestras operaciones.
El facilitador como referente y voz de nuestra realidad operativa
La figura del facilitador interno es esencial porque aporta confianza. Son referentes cercanos que, gracias a su alineación con la estrategia corporativa, transforman los contenidos teóricos en lecciones de vida profesional. Ellos son quienes ayudan a implantar herramientas clave como Prepara-T, Mueve-T e Impulsa-T, convirtiendo los conceptos en hábitos.
En este sentido, Cristina Coderoni, coordinadora de Marketing de Italia y que ha participado activamente como facilitador en este despliegue, comenta sobre su experiencia: «Ser facilitador me ha permitido redescubrir mi propio trabajo a través de los ojos de mis compañeros. No se trata solo de enseñar un proceso, sino de transmitir el ‘porqué’ de las cosas desde nuestra realidad en la sala. Ver cómo un compañero aplica una herramienta que tú le has explicado y cómo eso facilita su día a día es la mayor recompensa; me aporta un crecimiento profesional y un sentido de pertenencia que va mucho más allá de mis funciones habituales».
Esta agilidad técnica se complementa con un profundo valor humano, ya que el verdadero éxito de la Escuela reside en la transformación personal de sus integrantes. Más allá de los protocolos, este proyecto pone en valor la generosidad de quienes deciden dar un paso al frente para guiar a otros, convirtiendo su experiencia en un legado que inspira a sus compañeros. Se genera así una dinámica de aprendizaje vivo que reconoce el talento individual y consolida un sentimiento de orgullo compartido entre todos aquellos que ya forman parte de esta comunidad.
Mirando hacia el futuro, la Escuela se prepara para una fase de expansión donde seguiremos apostando por la capacitación permanente y el despliegue de nuevas herramientas tecnológicas que den soporte a esta red de conocimiento. Esta apuesta es la prueba de que en Codere, cuando el talento se comparte, el conocimiento crece y nos transforma en una organización imparable capaz de liderar los desafíos que el mercado nos depare.
© 2026 Grupo Codere. Nota: recuerda que el contenido de la newsletter es exclusivo para empleados de Codere. Queda prohibida su distribución externa o publicación en redes sociales sin consulta previa al departamento de Comunicación (comunicacion@codere.com)